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El falso discurso de un México Próspero: El Plan Nacional de Desarrollo, de Enrique Peña Nieto

El falso discurso de un México Próspero: El Plan Nacional de Desarrollo, de Enrique Peña Nieto

El contraste con la realidad: Un México, en la histórica y profunda miseria

El falso discurso de un México Próspero: El Plan Nacional de Desarrollo (PND) de Enrique Peña Nieto (2012-2018).

Al igual que ocurrió con el PND de Calderón, los buenos deseos y objetivos plasmados en el papel por la gestión de Peña Nieto distan mucho de cumplirse.

Primero, EPN indica que su gobierno procurará el manejo prudente de la política fiscal, sin embargo, las cifras oficiales indican que en lo que va de su sexenio, el país conserva una tendencia considerablemente deficitaria en materia del balance del Sector Público, teniendo cifras bastante similares a las presentadas en los últimos años de Felipe Calderón.

De acuerdo con los datos de la Secretaría de Hacienda, el déficit en 2013 alcanzó un total de 374,231 millones de pesos. De tal forma que la supuesta administración correcta de la política fiscal es tan solo un mito.

Si continuamos contrastando lo señalado en el PND con los datos proporcionados por las instancias oficiales, tenemos que la deuda pública neta continua creciendo a una velocidad abrumadora.

En los primeros dos años de gestión de Peña Nieto, el gobierno se ha endeudado en 1.29 billones de pesos. Si lo comparamos con los sexenios previos, es posible decir que en un año y 11 meses de la presidencia de EPN, el país se ha endeudado 625 % más respecto al periodo de Salinas de Gortari, 84 % más respecto al sexenio de Zedillo y en un 121 % más que el de Vicente Fox.

En caso de mantener este ritmo de endeudamiento frenético, es posible que para finales de del sexenio de Peña Nieto, la deuda pública acumulada en estos seis años alcance los 3.8 billones de pesos. Contrario a lo señalado en el PND, el manejo de la deuda no muestra signos de un manejo responsable.

La falta de recursos, el creciente déficit en las finanzas públicas y la irresponsabilidad de las autoridades han propiciado un incremento impresionante en el nivel de endeudamiento, mismo que termina siendo cargado a las espaldas de la población mexicana.

Si realizamos un comparativo entre la cantidad de recursos destinados a pagar la deuda externa y los usos alternativos que se le pudo dar a ese dinero, encontramos que los pagos a los prestamistas extranjeros en 2013 fueron equivalentes a 10.97 veces el presupuesto destinado a Defensa Nacional, 2.3 veces a Educación Pública, 5.71 veces lo destinado a Salud y 7.72 veces el equivalente a Desarrollo Social.

En otras palabras, el gobierno de EPN prefirió optar por cumplir sus compromisos financieros con el exterior en vez de destinar mayores recursos en rubros que contribuirían a mejorar la calidad de vida de la población.

Respecto a las fuentes de endeudamiento, tanto internas como externas, el gobierno de EPN ha mantenido la tendencia mostrada en los sexenios previos de contratar mayor deuda en el mercado interno, dejando así en segundo plano el endeudamiento con acreedores en mercados de capital internacionales.

Si bien se ha estado privilegiando el acceso a recursos vía el endeudamiento interno, la magnitud de esta deuda ha crecido a un ritmo incesante, pareciera ser que las autoridades no ven un comportamiento riesgoso en esta tendencia.

Por otra parte, es necesario destacar que a pesar de tratarse de endeudamiento interno, buena parte de la emisión de valores del gobierno ha sido acaparada en manos de extranjeros. De acuerdo con datos de la Secretaría de Hacienda, en 2013 un 35.7% de los valores gubernamentales estaban en manos de inversionistas foráneos.

La gran mayoría de estos inversionistas especulativos incrementaron su participación en bonos del gobierno mexicano después del estallido de la crisis económica de 2008, debido a las mayores tasas de interés que aquí existían. Sin embargo, tan pronto como perciban síntomas de mejoría en las tasas de interés del mercado norteamericano se iniciará una desbandada que pondrá en serios aprietos al gobierno mexicano. Como se mostró en páginas previas, el mismo gobernador del Banco de México, Agustín Carstens dejó entrever su preocupación ante la inminencia de este acontecimiento.

Por tanto, lejos de alcanzarse una solidez en las finanzas públicas y en el control del crecimiento de la deuda pública, la estrategia del presente gobierno pareciera indicar que se ha optado por volver más volátil e inestable la economía nacional.

Si a este escenario desalentador le añadimos la caída del precio del petróleo, entonces el gobierno se enfrentará a un déficit presupuestal cada vez mayor, y para solucionarlo recurrirá a su nociva estrategia de mayor endeudamiento público, al fin y al cabo que el pueblo de México puede soportar esa enorme carga.

A manera de pronóstico

Como se ha observado hasta ahora, el déficit creciente que presenta el Sector Público se ha financiado con la contratación de deuda, tanto externa como interna, siendo esta última la que ha crecido a un ritmo muy acelerado, particularmente del 2000 a la fecha.

Si bien el endeudamiento externo ya no se ha posicionado como la instancia principal de obtención de fondos para cubrir con las necesidades del gobierno, el pago de intereses y las amortizaciones que tiene que afrontar el gobierno mexicano representan una parte importante de sus ingresos, dejando así a las autoridades públicas con un margen de acción muy estrecho, ya que gran parte de los recursos se le escapan con el objetivo de tratar de saldar las deudas contraídas.

Por su carácter de clase, la estrategia de la política económico-social del gobierno continuar privilegiando el pago de sus compromisos de deuda antes que el impulso de programas sociales y económicos que beneficien a la población en general, será imposible alcanzar el México Próspero que idealiza en el Plan Nacional de Desarrollo, Enrique Peña Nieto.

Por otra parte, la creciente adquisición de bonos gubernamentales por parte de inversores especulativos extranjeros siembra dudas y mucha incertidumbre respecto a lo que podría pasar si estos deciden retirar sus capitales. Si bien estos bonos son parte del endeudamiento interno, la posesión de ellos en manos de extranjeros es como si formara una parte un endeudamiento externo maquillado.

Si bien la década de los 80 con los numerosos intentos fallidos de rescate constituyó un duro aprendizaje para las autoridades económicas y un sacrificio enorme para la sociedad mexicana, en la actualidad ese supuesto énfasis en el manejo responsable de las finanzas públicas ha sido dejado de lado.

Pareciera ser que la receta de los gobiernos en turno, a todos los males, siempre a sido endeudarse más y más no importando los costos sociales, económicos y políticos.

La economía mexicana caracterizada por su excesiva dependencia de su sector externo, (centrado en las exportaciones de manufacturas, la recepción de remesas y la venta de petróleo) y con una política económica obsesionada en la estabilidad macroeconómica, da muestras de ser un modelo de desarrollo fallido. A pesar de las privatizaciones y de los recortes presupuestales a programas públicos el balance financiero sigue siendo deficitario.

Ahora bien, si a esta situación se le agrega que desde finales de octubre de 2014 y hasta la fecha, el precio del petróleo está experimentado una caída, los ingresos derivados de la actividad exportadora del crudo disminuirán, lo cual llevará a las autoridades económicas a hacer todo lo necesario para cubrir con los requisitos financieros del país, cueste lo que cueste,

o entendido de otra manera, habrá recortes a programas sociales y recurrirán a su perniciosa costumbre de seguir contrayendo deuda, al cabo que el pueblo mexicano puede cargar con ella; de tal forma que mientras el resto del país sufre las consecuencias del ajuste, la clase política continuará sin renunciar a sus privilegios económicos y derrochará en propaganda publicitaria el millonario presupuesto otorgado por el Instituto Nacional Electoral.

Finalmente, cabe señalar que si el gobierno de EPN continúa la lógica legada por Felipe Calderón de endeudar cada vez más al pueblo mexicano, entonces no sólo nosotros, sino las generaciones futuras, continuaremos pagando por el resto de nuestros días una deuda estratosférica producto de las malas decisiones de las autoridades mexicanas y de la ambición y el oportunismo de los prestamistas internacionales.

FUENTE: José Alejandro Rodríguez Hernández.
Centro de Análisis Multidisciplinario. UNAM.

http://cam.economia.unam.mx/reporte-de-investigacion-119-la-deuda-que-todos-los-mexicanos-debemos-de-pagar-entre-la-historica-irresponsabilidad-el-despilfarro-y-la-corrupcion-gubernamental-y-la-avaricia-de-los-pres/

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