Ultimas
Inicio » Chiapas » Resistencia, autonomía y guerra de baja intensidad. Niños y niñas en territorio zapatista.
Resistencia, autonomía y guerra de baja intensidad. Niños y niñas en territorio zapatista.

Resistencia, autonomía y guerra de baja intensidad. Niños y niñas en territorio zapatista.

Angélica Rico Montoya.

La guerra vista y sentida por los niños de la Selva Lacandona.

A pesar de que las familias zapatistas y no zapatistas se desenvuelven en el mismo contexto y comparten la misma cosmovisión tseltal, el compromiso político de dichas familias y la cultura de sus grupos de referencia son determinantes no sólo para dar sentido a sus acciones, sino además para entender su percepción de la guerra y de las relaciones con el poder del Estado. Por lo tanto, los niños zapatistas
y no zapatistas, aunque comparten el mismo contexto, tienen particularidades y formas de socialización diferentes.

Para los niños no zapatistas la guerra es evidente cuando hay bombardeos o enfrentamientos armados como en 1994. Como lo expresan los siguientes testimonios:

—La guerra es cuando echan bomba (Ramón, 9 años).
—En el 94 hubo guerra y muchos muertos (Lorena, 11 años).
—La guerra es entre soldados y zapatistas, no con nosotros (Domingo, 10 años).
—Mi papá dice que cuando empiecen los balazos los soldados van a matar a los zapatistas (Evaristo, 10 años).
—Mi papá dice que si empieza la guerra nosotros nos vamos de la comunidad
(Jorge, 11 años).

Parece que para estos niños en este momento, no hay guerra, están tranquilos, aunque los soldados estén en su comunidad y los revisen en el retén militar. Sin embargo, para los niños zapatistas la guerra es visible en la cotidianidad de los hostigamientos, con la revisión en los retenes, los sobrevuelos, los perros de caza, la amenaza constante de los paramilitares, los desplazados y asesinados, así como con los programas del gobierno oficial que buscan dividirlos y desmoralizarlos, como se observa en los testimonios de los niños de las familias zapatistas:

—La guerra es cuando matan a nuestros papás (Petrona, 8 años).
—Guerra es que tengamos que escondernos en la montaña (María, 11 años).
—La única solución es responder la guerra (Sebastián, 9 años).
—Guerra es tener que apagar las luces y no hacer ruido cuando llegan los
Chinchulines (Pedro, 11 años).
—Después de la guerra va a venir la libertad (Miguel, 11 años).
—La guerra del gobierno es muerte, la de nosotros es para vivir mejor (Beto,
11 años).
—Guerra es que los guachos suelten a los perros para que nos muerdan (José,
9 años).
—Guerra es que nos revisen en el retén y que nos digan cosas feas cuando
pasamos (Julia 12, años).

Mientras los niños zapatistas sienten miedo por un objeto amenazador conocido
–retén, soldados, paramilitares, vuelos rasantes, etcétera–, los niños no zapatistas de la misma comunidad perciben cierta ansiedad, es decir, una emoción frente a una amenaza indefinida, ante un objeto cuyas características no son bien conocidas, que perciben como “la guerra entre zapatistas y el ejército federal”. La información que reciben los dos grupos y los espacios que tienen para expresar sus miedos y sentimientos marcan diferencias en sus actitudes y testimonios.

La diferencia en el impacto de las acciones bélicas sobre los niños es determinada por la cercanía a las zonas más o menos conflictivas, también aunque vivan en la misma zona, las percepciones de los niños cambian dependiendo del grupo de referencia del que forman parte. Si los zapatistas son el blanco en la guerra de baja intensidad, sus niños están percibiendo las agresiones de una manera muy directa, debido a que la guerra de baja intensidad no busca acabar con los combatientes, sino con los posibles adversarios, motivo por el que los niños no zapatistas parecen no darse cuenta de este contexto. En los pequeños zapatistas se percibe miedo por un objeto amenazador conocido como el retén, los soldados, paramilitares. Mientras ante el miedo pueden darse conductas de evitación o prevención que lo mitigan, es decir, conductas activas que no permiten superarlo –sino al menos afrontarlo–, la ansiedad provoca una alteración del ánimo cuya permanencia degenera en tensiones paralizadoras.

Ante los ataques y agresiones, el impacto es menor para los niños si las familias reaccionan con serenidad. La presencia de la familia y la comunidad organizada son garantías de seguridad para los niños zapatistas; debido a que el conocimiento de las bases rebeldes con respecto a la guerra de baja intensidad y su compromiso político, les ha permitido crear en torno a los niños espacios de reflexión, como la escuela autónoma, las asambleas comunitarias o las fiestas zapatistas. En esos espacios los pequeños pueden escuchar por qué están luchando sus padres y abuelos, preguntar sus dudas en un ambiente propicio, decir lo que sienten desde una distancia relativamente segura, aunque esto no significa que los efectos de la guerra no les causen miedo. Por ejemplo, los niños zapatistas expresan en sus dibujos y testimonios lo que evocan para ellos los retenes del ejército federal.

El retén militar

El llamado “retén militar” por parte de los niños se asocia con la presencia de un cuartel con pista de aterrizaje, de barracas, donde viven los soldados, de puestos de control y revisión. Alrededor del retén hay negocios clandestinos donde se vende alcohol y droga, mientras que algunas casas alquilan cuartos para turistas que llegan a pasear a la cascada, otras son casas de prostitución administradas por gente ajena a la comunidad.

—Los guachos viven ahí, ahí lavan, se bañan, juegan cartas (Rolando, 11 años).
—Todas las noches ponen música, se ponen bien bolos –borrachos–; mi papá apaga la luz para que no sepan que estamos despiertos y quieran molestarnos (Pati, 9 años).
—Cuando paso con mis hermanas y los soldados se están bañando nos gritan para que los veamos, nos invitan a bañarnos con ellos […] nosotras corremos (Leticia, 12 años).
—Traen a sus mujeres, son como sus esposas pero cada semana cambian (Rosa,
12 años)…

A pesar de que para muchos niños el retén y los camiones militares forman parte del paisaje de su comunidad, son un referente de agresión al que no pueden acostumbrarse.

—Yo estaba muy chiquito, pero me acuerdo que para ir a la milpa teníamos que caminar mucho por un camino largo de tierra blanca, finita […] y los soldados ya estaban ahí, apuntando con sus armas (Rolando, 11 años).
—Cada mes cambia la tropa, llegan un chingo de camiones llenos de soldados, cuando pasan mi hermanito Milo se asusta y se esconde en la leña (Josué, 9 años).
—Los camiones son grandes, tienen sus armas, nos apuntan cuando estamos jugando, nosotros nos tiramos en la carretera o les apuntamos con unos palos (Beto, 11 años).

Paramilitares en el imaginario de los niños

Posiblemente la táctica paramilitar ha sido una de las más efectivas en Chiapas porque al utilizar no sólo ataques militares sino psicológicos genera terror en la población, resquebrajando el tejido social y los lazos familiares. La formación de grupos paramilitares en la región desde hace más de una década es fomentada por el ejército federal y grupos de poder local de manera clandestina (Frayba; CAPISE).

Los testimonios de los niños sobre los paramilitares denotan mucho miedo, incluso tal vez más del que pueden tenerle a los soldados federales. Para los niños todos los paramilitares son llamados “chinchulines” aunque el grupo paramilitar presente en la zona no es el de Chinchulines sino el Movimiento Indígena Revolucionario Antizapatista (MIRA), cuyo brazo político priísta es la Organización para la Defensa de los Derechos Indígenas y Campesinos (OPDDIC), que surge en 1998 en Las Cañadas bajo el liderazgo de Pedro Chulín, ejidatario tseltal originario de Taniperla que ha sido diputado local oficialista.

—Los chinchulines mataron a mi papá, empezamos a oír ruidos como wamal chitam [jabalí], mi papá me dijo que cuidara a mi mamá, que no saliéramos, se oyeron balazos y después risas, gritos. Parecía que estaban bien bolos
(María, 11 años).
—Me contó José, un chamaquito de la Siria, que a su tío también lo mataron los chinchulines, se fue a la milpa y ya no regresó, lo encontraron sin cabeza en la parcela (Julio, 12 años).
—Ellos no son como los guachos, también tienen armas, pero ellos sí conocen la montaña, saben dónde esconderse, cazar animales y así crudos se los comen, por eso pueden imitar los sonidos de la selva cuando matan (Pancho, 11 años).
—Una vez con mi mamá encontramos la cabeza de un niño en un palo, en nuestra milpa, yo me asusté mucho, todas las noches lo soñaba, me tuvieron que curar de espanto. Nunca se supo quién era ese niño pero mi abuelito decía que fueron los del MIRA, los antizapatistas que quieren asustarnos (Victoria, 11 años).
—Los chinchulines son traicioneros, no matan de frente, te agarran en emboscadas o matan niños y mujeres, mi primo se hizo paramilitar y dice que va a matar a todos los zapatistas (Beto, 9 años).
—El hijo de mi tía también se fue con los antizapatistas, dice que ahí sí hay dinero y que pueden tomar trago (Gabriel, 11 años)…

Retomado del texto: Luchas “muy otras”.
Zapatismo y autonomía en las comunidades indígenas de Chiapas

Bruno Baronnet
Mariana Mora Bayo
Richard Stahler-Sholk

Primera edición: marzo de 2011
Texto completo: https://zapatismoyautonomia.files.wordpress.com/2013/12/luchas-muy-otras-2011.pdf

Acerca de POZOL COLECTIVO

Comments

Deja un Comentario

Tu dirección de email no será publicada. Required fields are marked *

*

* Copy This Password *

* Type Or Paste Password Here *

49.847 Spam Comments Blocked so far by Spam Free Wordpress

Scroll To Top