Ultimas
Inicio » Covergencia Medios Libres » Entre la Montaña y Wirikuta: Defensa del territorio y del patrimonio cultural y natural de los pueblos indígenas
Entre la Montaña y Wirikuta: Defensa del territorio y del patrimonio cultural y natural de los pueblos indígenas

Entre la Montaña y Wirikuta: Defensa del territorio y del patrimonio cultural y natural de los pueblos indígenas

Entre la Montaña y Wirikuta

Defensa del territorio y del patrimonio cultural y natural de los pueblos indígenas

Dra. Giovanna Gasparello
Instituto Nacional de Antropología e Historia
Ciudad de México

En este texto se aborda la relación de mutuo fortalecimiento que existe entre la defensa de los territorios indígenas frente a los procesos extractivos y la defensa de las culturas y sus manifestaciones cotidianas y rituales. Se relatan dos casos emblemáticos por los distintos usos de la reivindicación cultural en la defensa del territorio. Por un lado, el pueblo wixárika ha reclamado el territorio sagrado de Wirikuta como patrimonio cultural inmaterial, apelando a su protección por parte de las instituciones nacionales e internacionales. Por otro, los pueblos de la Montaña de Guerrero utilizaron una estrategia basada en la Ley Agraria y apelaron al derecho a la consulta libre, previa e informada, mientras rechazan los proyectos de protección territorial institucional…

Los pueblos indígenas son los protagonistas principales de las luchas de resistencia al extractivismo y a los megaproyectos de saqueo territorial. Las luchas por la defensa del territorio defienden una forma de vida, cuyas manifestaciones representan por sí mismas resistencias a la expropiación neocolonial. En cuanto expresión de la diversidad, las culturas y sus expresiones son una forma de resistencia, practicada por individuos, sujetos históricos de culturas, economías y ecologías propias y particulares.

Entre la defensa del territorio y de la cultura existe una relación de necesidad: el territorio biocultural es condición para la reproducción de la cultura, por lo tanto, la perpetuación de las manifestaciones culturales es una forma de defensa territorial, como lo es la defensa explicita del corpus cultural entendido como patrimonio. A la vez, para los pueblos indígenas la defensa de tierra y el territorio implica la defensa del corpus cultural en su conjunto. La defensa de los lugares sagrados para la espiritualidad indígena, de la geografía ritual, de la biodiversidad que está en la base de la medicina y de la alimentación tradicional, así como de las actividades productivas, son el motor de luchas que usan de manera creativa la movilización, la acción directa y la lucha legal…

En distintas regiones de México afectadas por proyectos extractivos se observa, junto a los procesos de resistencia al despojo territorial, el incremento de la conflictividad y de la violencia directa, que se suma a las condiciones de violencia estructural presentes. Esto crea situaciones de vulnerabilidad social y grave violación a los derechos humanos individuales y colectivos, lo que Rodríguez Garavito (2012) ha definido campos sociales minados. En los casos de estudio la conflictividad es directamente ligada al megaproyecto minero, como el proceso de fragmentación del tejido social comunitario y de polarización entre parte de la población que se muestra favorable a la obra (y en particular las autoridades locales fácilmente sobornables) y otra parte que se opone. Grupos paramilitares y bandas criminales pueden ser usados por las empresas con fines intimidatorios, al igual que las acciones judiciales y represivas realizadas por los aparatos del Estado en contra de los opositores.

Por otra parte, situaciones de violencia que generan desplazamiento de la población pueden ser aprovechadas por las empresas extractivas, que garantizan sus actividades negociando con los actores violentos. Ejemplo de esto es lo que se vive en el “Cinturón de oro” de Guerrero, en los municipios de Iguala, Cocula y Eduardo Neri, donde el terror mpuesto por los grupos criminales ligados al narcotráfico y las instituciones políticas y de seguridad pública coludidas con éstos ha provocado que miles de personas abandonaran sus pueblos y sus tierras. La industria extractiva a gran escala, aunque formalmente legal, se desarrolla de manera óptima en situaciones donde la legalidad y el control estatal es débil, pues sus actividades implican una larga serie de violaciones a los derechos individuales y colectivos que en una situación de “Estado de derecho” no serían permitidas. Asimismo, su carácter híbrido entre lo formalmente legal y lo ilícito le permite negociar tanto con los representantes institucionales cuanto con la criminalidad organizada, que en cambio de recompensas protegen sus operaciones.

En la defensa del territorio los pueblos indígenas defienden su cultura y el sentido de su existir, es decir, su identidad en cuanto pueblos. La persistencia y el fortalecimiento de las manifestaciones culturales y espirituales ligadas al territorio es también una forma de resistencia, pues reivindica el significado del territorio más allá de los meros recursos explotables económicamente.

Estos procesos de resistencia a la explotación y reivindicación de lo propio se están multiplicando en todo México. Al igual que los wixárica luchan para salvar los sitios sagrados de Wirikuta de la voracidad minera, los indígenas de Guerrero protegen su Montaña y afirman su derecho a la autonomía. “Aquí nunca entrarán las mineras. Defenderemos nuestra tierra cueste lo que cueste, y aunque nos cueste la vida”, afirma Pedro, quien desde su juventud participa en las danzas ceremoniales de su comunidad, Colombia de Guadalupe, en el corazón de la Montaña. Sabe que Tata Bègò, el Señor del Rayo y del Cerro, está de su parte.

TEXTO INTEGRO:

Acerca de POZOL COLECTIVO

Comments

Deja un Comentario

Tu dirección de email no será publicada. Required fields are marked *

*

* Copy This Password *

* Type Or Paste Password Here *

Scroll To Top